Una discordancia macroeconómica
2025 cerró con una aparente contradicción en las cuentas nacionales mexicanas. Por un lado, el Producto Interno Bruto (PIB) registró un crecimiento anual de 0.7%, el más bajo desde 2020. Por otro lado, el Indicador Mensual del Consumo Privado, el termómetro de lo que gastan los hogares, reportó un vigoroso aumento anual del 2.8% (datos a noviembre, y es previsible que el año cierre muy cerca del 2.8%, porque en diciembre hay mucho gasto, pero también inflación). El consumo creció a un ritmo casi cuatro veces superior al del PIB. ¿Cómo es posible que el gasto de las familias se haya acelerado mientras que la economía en su conjunto se aletargó?
La solución al enigma no está del otro lado: por primera vez en once años, el flujo de remesas –el caudal de dólares que por años sostuvo el consumo de más de cuatro millones de hogares mexicanos– se revirtió, registrando una caída del 4.6% en 2025. El aumento del consumo no se está financiando con remesas. ¿Entonces?
Hipótesis: el modelo mexicano funciona
Hipótesis: la discrepancia es el resultado directo de una política económica que, mediante un aumento sustancial del salario mínimo y una expansión de los programas sociales del gobierno federal, inyectó recursos directamente en la base de la pirámide socioeconómica. Este impulso, orientado a mejorar el flujo de ingresos hacia los sectores más pobres, logró sostener la demanda interna. La mejora en la distribución de la riqueza se escucha fuerte y claro en las cajas registradoras y se ve en las estadísticas macroeconómicas.
En 2025, el consumo privado en México se desacopló del ciclo económico gracias a la intervención estatal en la distribución de la riqueza. Fue un fenómeno de ingeniería de la demanda agregada desde la base, operado por medio de dos canales: el salarial y el de las transferencias. El primer canal se accionó con el incremento general del 12% al salario mínimo. Este ajuste, superior a la inflación, elevó el poder adquisitivo de los trabajadores formales y presionó al alza los ingresos en sectores informales. El dinero llegó a los bolsillos de quienes, por necesidad, destinan prácticamente la totalidad de su ingreso al consumo inmediato. El segundo canal fue más focalizado. El presupuesto para programas sociales prioritarios aumentó un 12% nominal. Este incremento no fue sólo cuantitativo; también fue cualitativo, con la creación de nuevos apoyos, como el dirigido a mujeres de 60 a 64 años, expandiendo la red de protección y, con ello, la base de consumidores. La conjunción de ambos factores generó un estímulo contra-cíclico. Mientras la economía global se enfrió y la incertidumbre frenó la inversión privada interna, el Estado mexicano optó por sostener la economía desde la demanda, garantizando que el flujo de gasto de los hogares no se contrajera. Ocurrió una mejora inducida en la distribución del flujo de ingreso corriente. La riqueza acumulada pudo no haber cambiado, pero el dinero disponible en los estratos sociales que más gastan porque viven el día a día con más necesidades aumentó significativamente.
Datos duros
En primer lugar, la hipótesis explica y se nutre del profundo desacople entre consumo e inversión interna. Los datos demuestran que el componente de inversión, específicamente la inversión fija bruta nacional, fue un lastre, con una caída acumulada del 7.3% para noviembre. La Inversión Pública cayó un 19.7% por la finalización de megaproyectos estatales, y la Inversión Privada Nacional retrocedió un 4.9% ante la incertidumbre internacional. El dato de noviembre de 2025, publicado este 5 de febrero de 2026, es aleccionador: la inversión en maquinaria y equipo cayó un 14.5% interanual; las empresas nacionales están en modo de espera.
¿Cómo reconcilia la hipótesis el récord de Inversión Extranjera Directa de 40,906 millones de dólares? La dualidad inversora refuerza la tesis. El “México de la IED” es un país de cadenas globales de suministro, impulsado por el nearshoring y dirigido a la exportación. Este capital es específico en su destino (clústeres industriales, sectores exportadores) y su impacto inmediato en la demanda agregada y el PIB del año en curso es limitado. Mientras tanto, el “México del consumo”, impulsado por salarios y transferencias, opera en la economía interna de bienes y servicios básicos. La economía se bifurcó: un sector exportador recibiendo inversión foránea récord, y una economía doméstica en la que los hogares consumen más, pero las empresas no invierten.
En segundo lugar, la caída del 4.6% en las remesas elimina al financiamiento externo familiar como motor, y la debacle de la inversión fija nacional elimina cualquier duda sobre el origen de la debilidad del PIB. La ecuación es clara: un consumo fuerte (+2.8%) fue completamente anulado en las cuentas nacionales por una inversión interna a la baja. Es probable que el componente de exportaciones netas también contribuyera negativamente, ya que un consumo interno fuerte tiende a aumentar las importaciones.
Ciertamente, los incrementos en salario mínimo y en gasto social no son estímulos a la inversión productiva; son estímulos directos y deliberados a la demanda efectiva de los hogares. En un contexto donde la inversión interna se contrajo, la estrategia de sostener la economía a través del consumo de la base se revela como una opción política consciente. El modelo prioriza la estabilidad social y el mantenimiento del nivel de actividad en sectores comerciales y de servicios; el crecimiento general es mínimo; pero la demanda interna, resiliente.
Es el modelo
La experiencia mexicana de 2025 demuestra que es posible sostener la demanda agregada y el bienestar de los hogares, incluso cuando los motores tradicionales del crecimiento fallan. El Estado actuó como un estabilizador potente, evitando que la debilidad económica se tradujera en una caída drástica del consumo y, posiblemente, en una recesión más profunda. Se creó así una economía dual: un consumo resiliente en los hogares en un clima gélido para la formación de capital fijo.
En definitiva, la paradoja del 2025 se resuelve: México transitó por un sendero de crecimiento impulsado por el ingreso de los hogares, no por la ganancia empresarial o el crecimiento macroeconómico. Hay quienes me dicen: “Sí, pero ese modelo no es sostenible”. ¿Lo es el capitalismo financiero neoliberal?
El modelo capitalista neoliberal está dando patadas de ahogado en todo el mundo. Es un hecho que el crecimiento económico no ha solucionado la pobreza; antes bien, ha aceitado la injusticia social (concentración monstruosa de la riqueza) y ha atizado la incineración del planeta. La riqueza abunda. No se requiere crecer, urge repartir.
Hacemos comunicación al servicio de la Nación y si así no lo hiciéramos, que el chat nos lo demande.

Deja un comentario