El gobierno trumpetista del trumpetas trumpetero, montó un enorme happening en Minneapolis para mostrar al mundo lo que libertad y democracia significan en el libre mercado. Porque una cosa es condenar dictaduras y gobiernos totalitarios en Rusia, China, Venezuela, Irán o Cuba, y otra es ir tan lejos como se pueda, para defender los sacrosantos valores occidentales.
Lo esencial radica en extender la lucha en contra de la migración más allá de la migración y otorgar a las fuerzas del orden la facultad de reprimir y disparar a diestra y siniestra sin necesidad de aplicar ningún protocolo o criterio que no sea la falta de protocolo y criterio.
Nada que ver con la represión totalitaria de los malvados regímenes totalitarios ante los que totalitariamente se arrodillan los fanáticos totalitarios de la izquierda totalitaria. No. Esto es democracia llevada a la calle. Para muestra Renee Nicole Good, mujer blanca, ciudadana estadounidense por nacimiento y “terrorista doméstica” según los muy liberales e infundados informes federales, asesinada por un agente del ICE el 7 de enero de 2026, y Alex Pretti, hombre blanco, ciudadano estadounidense por nacimiento y, de acuerdo con la siempre humanitaria Kristi Noem, un manifestante violento que tenía la intención de “masacrar a los agentes de la ley”, también asesinado a tiros por agentes federales el 24 de enero de 2026.
Y es que para “restaurar la paz a través de la fuerza para una nueva era dorada de Estados Unidos”, subtítulo de la Estrategia de Defensa Nacional del Departamento de Guerra de EE.UU, no basta con borrar del mapa a Palestina, secuestrar a Maduro, mantener tranquila a Rusia, abandonar a su suerte a Europa, decir tonterías alrededor de Groenlandia (o Islandia), amenazar un día sí y otro también a Irán, y competir no militarmente con China. No. Es necesario limpiar la casa y erradicar toda oposición que se oponga a las patadas de ahogado del gobierno de EE.UU. por preservar una hegemonía que cada vez se ve más diluida y por la que empiezan a manifestar, más que nostalgia, melancolía, una fatal adhesión al poder perdido, y una incapacidad de soltar las glorias del pasado.
Entrados en gastos
Nadie podrá celebrar tranquilamente la caída del imperio, no porque la revolución no será televisada, o porque no habrá revolución y pasaremos de ser súbditos de un imperio a ser súbditos de otro, sino porque el imperio no se irá sin patalear y destruir todo lo que pueda destruir con su caída. La ruptura del orden mundial y la construcción de un nuevo orden no incorporará valores como derechos humanos, desarrollo sostenible y solidaridad para garantizar la supervivencia de las desigualdades prexistentes. No. Profundizará las desigualdades preexistentes, sentando sus reales sobre los escombros que sobrevivan a la libre liberación del liberalismo.
- Carlos Bortoni es escritor. Su última novela es Historia mínima del desempleo.
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