Estados Unidos admite que el envío de alimentos vía la Iglesia católica busca debilitar al gobierno cubano y acelerar un cambio de régimen.
El gobierno de Estados Unidos abrió un nuevo frente de presión contra Cuba al reconocer que su reciente iniciativa de asistencia humanitaria, canalizada a través de la Iglesia católica, forma parte de una estrategia para debilitar al gobierno cubano y forzar su salida del poder.
Esta semana, el Departamento de Estado anunció el envío de arroz, frijol, pasta y otros alimentos a la isla, supuestamente para atender a las víctimas del huracán Melissa, que impactó Cuba hace más de dos meses. Sin embargo, funcionarios estadounidenses dejaron claro que el objetivo va más allá del apoyo humanitario.
“El compromiso de Estados Unidos es con el pueblo cubano, no con su gobierno”, afirmó Jeremy Lewin, funcionario del Departamento de Estado encargado de asistencia humanitaria, quien sostuvo que La Habana debe decidir entre permitir la ayuda directa o interferir con los envíos, asumiendo el costo político ante su población.

Lewin confirmó que esta acción se enmarca en la estrategia del secretario de Estado Marco Rubio y del presidente Donald Trump, quien a inicios de mes declaró que el gobierno cubano estaba “listo para caer”. “Lo correcto que debería hacer el régimen es irse para que el pueblo cubano sea libre”, insistió el funcionario.
Cuestionado sobre el retraso en la entrega de la ayuda, así como su coincidencia temporal con la intervención de Estados Unidos en Venezuela, Lewin argumentó que los tiempos dependieron de los permisos gestionados por la Iglesia. No obstante, reiteró que el mensaje es claro: Washington no tolerará gobiernos que desafíen su política hemisférica.
Analistas críticos señalaron que esta postura evidencia una doble moral, pues mientras Estados Unidos presiona para que países como Venezuela suspendan apoyos a Cuba, utiliza la ayuda alimentaria como instrumento político. Columnistas recordaron que Venezuela, México, Colombia y Panamá ya habían enviado petróleo y ayuda humanitaria a la isla desde diciembre, mientras Washington demoraba su asistencia.

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