¡Salió llorón! Salinas Pliego se victimiza ante la CIDH y acusa al Estado mexicano de “persecución”

El evasor fiscal llevó su pleito fiscal y mediático a Washington, donde pidió a la CIDH intervenir, mientras sus adeudos y conflictos legales en México siguen sin resolverse.

Ricardo Salinas Pliego decidió internacionalizar su narrativa favorita: la de víctima del poder, y ahora acudió a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para denunciar una supuesta “persecución política” del Estado mexicano, argumento que contrasta con los litigios fiscales millonarios que su grupo empresarial mantiene abiertos desde hace años.

A través de Grupo Salinas, el empresario presentó una queja en Washington D.C., donde acusó a las autoridades mexicanas de orquestar una estrategia para presionarlo mediante auditorías, procesos judiciales y señalamientos públicos. La denuncia fue expuesta en la sede de la OEA, con la participación del relator de la CIDH, Pedro Vaca, en lo que el propio grupo calificó como el inicio de un proceso internacional.

En el documento, Salinas Pliego se asume como un crítico incómodo al que el Estado busca silenciar, aunque evita mencionar que buena parte de esa “persecución” coincide con resoluciones judiciales adversas y revisiones fiscales que han puesto bajo la lupa a sus empresas. Entre sus pruebas, destaca que su nombre ha sido mencionado en más de 300 conferencias matutinas, como si la frecuencia de las menciones sustituyera la obligación de pagar impuestos.

La denuncia también acusa hostigamiento administrativo, una supuesta captura del Poder Judicial y el uso “político” del aparato fiscal. Sin embargo, el empresario no detalla por qué, si dice estar dispuesto a cumplir con la ley, sus adeudos siguen atorados en tribunales ni por qué el discurso de persecución aparece justo cuando las autoridades endurecen la cobranza.

Grupo Salinas pidió a la CIDH que declare responsable al Estado mexicano y ordene garantías de no repetición. Mientras tanto, el evasor que suele descalificar instituciones, burlarse de reguladores y atacar desde redes sociales, ahora se presenta como paladín de los derechos humanos, buscando en instancias internacionales lo que no ha conseguido en juzgados nacionales.

El empresario más combativo del país cambia el traje de provocador por el de mártir, en un nuevo capítulo donde la retórica de la persecución sirve para desviar la atención de un tema incómodo: sus pendientes fiscales siguen sin resolverse.

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